Violencia doméstica infantil y adolescente (Segunda Parte)
Como respuesta al anterior blog, me gustaría hacer una primera reflexión. Hemos pasado de una época en la que los hijos temían a los padres a otra en la que los padres temen a los hijos. Obviamente, esto es un reduccionisno demasiado simple, pero sí deja ver cierto trasfondo de estilos educativos muy diferenciados. Además en corto plazo de tiempo, podría decir sin temor a equivocarme en exceso, que en el margen de dos décadas se ha pasado de un estilo educativo muy restrictivo y poco libre a otro caracterizado por una gran permisividad. Esto "trae de cabeza" a padres, profesores, educadores y a buena parte de la sociedad, y entiendo que debería servir como punto de reflexión que nos ayude a encontrar ese "norte" que con frecuencia perdemos.
Tampoco quisiera perderme ahora en estas reflexiones, ya que en contestación al lector que exponía el caso de violencia doméstica, se me ocurren algunas ideas que creo pueden ser del interés de los lectores de este blog; esto lo digo desde mi más sincera humildad y siempre con carácter orientativo, ya que soy de la opinión de que los casos para tratarlos bien hay que conocerlos bien.
Desde mi punto de vista hago los siguientes apuntes.
- En primer lugar, creo que las situaciones de violencia se muestran más cuando carecemos de otros mecanismos de expresión de la frustración. Por ejemplo, es más fácil no caer en una situación de violencia física o verbal, si tengo desarrollada suficientemente la habilidad de comunicación de la conversación, si soy capaz de "echar fuera" hablando eso que por dentro me "quema"; seguramente reducimos nuestro nivel de frustración de manera notable, sobre todo ese primer "pronto" más difícil de controlar. Tal vez la pregunta que habría que formularse es, en la actualidad tendemos a educar en las "habilidades de comuncicación" y en las "habilidades sociales"?
- Por otro lado, según el caso que el lector comentaba, habría que preguntarse si existen problemas de carácter afectivo no resueltos, es decir separación de los cónyuges, celos fuertes, situaciones difíciles no superadas, etc... Le sorprendería saber la cantidad de problemas que a veces no se "ven" en el día a día, sobre todo de carácter afectivo, y que sin embargo están detrás de muchos casos de violencia (cuando me refiero a esos "problemas no resueltos" no pretendo hacer alusión a teorías psicoanalíticas, sino a hechos plena y objetivamente contrastados). En el caso planteado, creo que en la familia se había producido una separación de los cónyuges y el hijo vivía con su madre a la que agredía con frecuencia por casi cualqier motivo. Esto es lo que se conoce como baja resistencia a la frustración, cualquier situación contraria a mis intereses por "irrelevante que sea" se convierte en detonante de violencia verbal o física.
- Otra aportación que me gustaría hacer al caso es que la madre pedía ayuda psicológica para su hijo. En este sentido opino que es plenamente acertada esta petición, aunque creo firmemente que la ayuda ha de ser para ambos y que la madre es plenamente protagonista de su trabajo "psicológico" hacia su hijo, orientada por el correspondiente profesional. Deberíamos olvidar la "varita mágica" que tantas veces buscamos en el gabinete de un psicólogo, ésa que con sólo "frotarla" nos va a "curar". El psicólogo nos ayuda a trabajar muestra situación, pero no hace milagros.
- Otro aspecto importante es observar cómo el hijo siempre culpaba a la madre o a otras personas de sus males y comportamientos. Es decir, no se relacionaban bien los hechos con sus causas. El hijo era responsable de estas agresiones pero se escudaba en un esquema muy habitual de "la culpa es de .....", en vez de admitir la responsabilidad de actos de los que sí somos plenamente responsables. Se trata del famoso "he aprobado el examen", "me han suspendido el examen", es decir, nos atribuimos lo que nos gusta o nos viene bien, y atribuímos a otros circunstancias de las que sí somos responsables, de las que sí tendríamos algo que decir, pero que nos resultan desagradables. En este sentido, un buen apoyo psicológico tanto para el hijo como para la madre es muy importante, porque podemos aprender a educarnos en aquello de lo que somos y no somos responsables, con todo lo que ello conlleva (sentidos de culpabilidad, responsabilidad - irresponsabilidad, coherencia, etc...)
- Por último, puesto que no quiero explayarme en exceso, haría referencia a un estilo educativo coherente. Es decir, no me sirve de nada poner unas reglas o normas educativas en casa que unas veces como padre o madre voy a hacer que se cumplan y otras las voy a ignorar. Eso generalmente lleva a confusión a nuestros hijos, a la falta de un estilo y criterios educativos coherentes y consecuentes, y favorecemos que nuestros hijos nos desobedezcan con facilidad. Es muy posible que en el caso planteado, también en este sentido se produzcan muchas incongruencias, aunque claro está, se trata de una caso mucho más excepcional que el resto de situaciones cotidianas en el hogar.
Podría escribir mucho más, pero prefiero intentar responder con cuatro o cinco conceptos clave, a la pregunta del lector. No obstante en próximas entradas, iremos comentando cada uno de estos puntos en mayor profundidad. Una vez más te agradezco que hayas estado ahí.


1 Comments:
Tengo 20 años, y actualmente vivo con mi padre y mi hermano, despues de 6 años de separacion. Mi papa y mi mama se separaron despues de 20 años de matrimonio y repetidas agresiones fisicas y psicologicas por parte de mi padre, ahora refleja esa conducta agresiva que tenia con mi madre principalmente conmigo.
Me golpea y me agrede psicologicamente cada vez que tiene una oportunidad, y por ultimo al intentar defenderme, me dejo de pagar la Universidad, y me corto toda ayuda economica, aprovechando que nuestra situacion es delicada ya que vivimos en un pais extraño, alejados de todo familiar cercano, incluyendo mi mama.
Segun tengo entendido esa conducta se ha repetido en todas las relaciones que ha tenido despues de la relacion con mi mama.
le ruego orientacion,
atentamente,
Mariana
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